Castigan a las mujeres que denunciaron a un director acusado de acoso sexual
Castigan a mujeres que denunciaron a director acosador
Rilda Molina
no esconde sus lágrimas. Solo se las limpia con una mano, mientras cuenta su
drama
Sus vidas cambiaron para mal, desde que actuaron para que
la Policía detenga al director del colegio Jorori, acusado de llevar a un motel
a una alumna de 14 años. Dirigentes
de la comunidad les dicen que todo fue planificado y la
secretaria fue despedida
En el centro educativo Jorori hay dos profesoras que
sienten que sobre ellas han caído los peores truenos. Ellas también aseguran
que sus vidas han cambiado para mal desde que el 9 de mayo fueran pieza clave
para que la Policía atrape al director de ese establecimiento, que fue
encontrado infraganti con una estudiante de 14 años en un motel de la zona del
Plan 3.000.
Alejandra Robles y Rilda Molina fueron dos de los seis
docentes que ante la queja de una alumna de que el director del establecimiento
la estaba acosando sexualmente, decidieron actuar, seguirlo y denunciar a la
Policía.
“Todo ocurrió muy rápido aquel día. La secretaria fue la
que me contó sobre la queja de la estudiante y después yo, que no sabía qué
hacer, lo conversé con otros profesores y decidimos muy rápido cómo evitar que
se le haga daño a la alumna”, dice la
profesora Alejandra, que lamenta que desde entonces muchos problemas han caído
sobre ella y sus colegas.
“Si hubiese sabido eso, simplemente callaba, pero también
digo que soy mujer y reaccioné en el afán de defender a una estudiante”, dice, sentada en un banco de madera. Bajo la
tranquilidad de la sombra de un árbol, dentro del establecimiento ella sostiene
que está preocupada, molesta, con rabia.
Alejandra resume así todos los problemas que se le han
presentado: “Algunos profesores, la junta escolar y dirigentes de la comunidad
nos dicen que le hemos hecho una trampa al director, que por qué no hemos
pensado en la integridad de nuestro colega y de su familia, que deberíamos
renunciar, pedir traslado a otro colegio, han hablado en contra de la
estudiante víctima y ella ya no viene a clases. También han despedido a la
secretaria Esther Flores Miranda que fue la que me avisó sobre la situación que
estaba pasando la estudiante”.
Mientras habla Alejandra, Esther Flores, la secretaria
despedida, está en su casa ubicada a dos cuadras del colegio. Está en la cocina
construida de barro, mientras su hijo de dos años juega en un patio amplio
lleno de sombras de árboles frondosos.
Ahí mismo, Esther confirma que fue despedida por su tío
Rubén Cabrera, que es el presidente de la junta escolar.
“Me despidió verbalmente, sin ninguna carta de por medio.
Solo me dijo que ya no vaya a trabajar, que entregue el escritorio”, cuenta, y
dice que ella sabe que es por lo ocurrido, porque su vida ha cambiado desde el
día en que escuchó a la muchacha que se le acercó para contarle que el director
la estaba acosando. Solo atinó a hablar con la profesora Alejandra, no quiso
hacerlo con su tío Rubén porque el año pasado fue a él a quien le dijo que ella
también había sido acosada por el mismo director, pero no hizo nada para
ayudarla; por eso ya no le tuvo confianza.
Esther dice que necesitaba el trabajo porque es padre y
madre para su niño y, antes cuando salía a la calle a pasear, los vecinos la
saludaban con atención, porque al ser la secretaria del colegio, todos la
conocían. “Pero ahora siento que me tratan con indiferencia, ya no me saludan,
como si hubiera hecho algo malo. Para la comunidad actué mal. Todos me juzgan.
En la calle me miran como bicho raro. Ojalá pueda conseguir trabajo porque he
quedado prácticamente en el aire”, lamenta.
Rilda Molina Salazar está llorando. Ha aparecido de
repente. Se ha acercado hasta donde está la profesora Alejandra, en ese banco
de madera al lado de un árbol frondoso. En el patio del colegio de Jorori.
“Ella es la profesora que también participó en el caso
del director que fue encontrado con la alumna en el motel”, dice
Alejandra.
“Trabajo aquí desde hace 10 años. Estoy viviendo momentos
muy difíciles. Todo por haber pretendido hacer el bien”, dice la profesora
Rilda, que se queja de que varios dirigentes de la comunidad de Jorori se han
acercado a ella para decirle que hizo mal al haber denunciado al director, que
atentó contra la imagen del colegio y de la zona y que nunca antes había pasado
esto.
“Y no solo eso”, enfatiza. “Dicen que más bien temen de
nosotros, que cualquier cosa les podemos hacer, que somos peligrosas. Esto nos
ha cambiado la vida. Yo no podía ser cómplice y por eso lo denunciamos al
director. No fue una trampa. Ahora hay mucha gente que está en contra de
nosotras. La comunidad nos está juzgando mal y también algunos docentes y se
han metido en nuestra vida personal también”, denuncia la profesora, con la voz
quebrada, con los ojos mojados.
Alejandra y Rilda coinciden en que no van a pedir su
traslado a otra unidad educativa, porque consideran que no han hecho nada malo,
y que por el contrario, los padres de familia deberían estar agradecidos con
ellas por haber denunciado una conducta que estaba poniendo en riesgo la
integridad de una alumna.
La comunidad de Jorori está ubicada en la carretera a
Paurito. En ella viven 380 familias guaraníes y quechuas y el centro educativo
cuenta con 500 alumnos provenientes de ocho comunidades vecinas.
Justa Cabrera es la dirigente de los vecinos de Jorori.
Ella dice que el año pasado, antes de que hubiera llegado el director que ahora
está en la cárcel, el colegio era un
territorio sin Dios ni ley, no había control, los profesores entraban a las 9 o
a las 10 de la mañana, dejaban a un suplente y se ocupaban de sus labores
particulares.
“Luego llegó el director el año pasado. Si bien no
estamos defendiendo su actitud inmoral, en el colegio hay un consejo
disciplinario y de padres de familia. Nos preguntamos ¿por qué esas profesoras
actuaron con tanta maldad de darle muerte civil a ese profesor? El caso es que
ellas se atribuyeron ser detectives, denunciantes, hacerle el seguimiento de
todo un mes, porque no fue ese ratito”, enfatiza Cabrera que insiste en decir
que los cambios que implementó el que era director hasta que la Policía lo
detuvo, cuando fue encontrado en el motel, fueronnormas importantes en el
colegio, como un registro biométrico de ingreso y salida de docentes, una
planilla para que presenten su informe de avance de materias y luchó contra la
venta libre de droga dentro del establecimiento.
“Deben saber también que el hombre es débil. Que le
pongan a usted el plato más lindo, que más le guste, ahí, le va a tentar pues y
se lo va a querer comer. Hay un grupito de profesores que estaban afectados con
los cambios y le tendieron una trampa.
Eso piensan los padres de familia. Yo no puedo decir que
así fue, pero la mayoría de las madres lo ve así”, dice y sobre la secretaria
Esther, considera que ella recibía el sueldo con dinero que aportaban los
padres de familia y que por tal motivo, cuando la alumna le dijo que el
director la estaba acosando, primero debió avisarles a los padres y a los
dirigentes de la comunidad, puesto que todos tienen teléfono.
El presidente de la junta escolar de la unidad educativa,
Rubén Cabrera confirmó que los padres de familia ordenaron que se despida a la
secretaria Esther Flores Miranda, porque ya no confiaban en ella porque ellos
le pagan el sueldo.
Dijo que fue él quien le dio ese trabajo, como una oportunidad por ser madre soltera y familiar suyo.
Cabrera se siente herido. “Ella debió avisarme a mí cuando se enteró de la denuncia de la estudiante contra el director. Dijo que no lo hizo porque no me tenía confianza porque el año pasado, cuando ella me dijo que el director la estaba acosando, yo no hice nada. Le diré la verdad, es verdad que me comentó el año pasado, pero no de manera formal, me contó que el profesor se le insinuó y me lo dijo de forma alegre. Le dije que son cosas de la política pública, que lamentablemente así trabaja la gente, pero fue de repelón, no fue una cosa formal”, se justificó.Cabrera, insistió en que los padres de familia creen que los profesores que denunciaron al director actuaron de mala fe y no esconde que existe un ambiente pesado en el establecimiento, pero considera que con el paso de los días irá mejorando todo.
Las profesoras Alejandra Robles y Rilda Molina también
esperan que los próximos días mejore el ambiente, que los problemas de ahora ya
no les agobien ni las apunten como si fueran enemigas de la comunidad.
Cortaduras de brazos y la venta de drogas, las otras
guerras
La profesora
Alejandra Robles coincide con sus detractores en que hay otros problemas que se
deben resolver dentro del colegio Jorori: Luchar contra la costumbre que tienen
algunos estudiantes de cortarse los brazos y otros problemas relacionados a la
salud y la seguridad de los estudiantes.
Robles recuerda que ella, junto a otros docentes, descubrieron
hace poco que más de 20 estudiantes tenían los brazos cortados por ellos
mismos, y que ejecutaban esta práctica para calmar el dolor que sentían a causa
de problemas familiares.
Justa Cabrera, representante de la comunidad Jorori, pide
a las autoridades educativas y de Gobierno que haya más investigación en cuanto
a la drogadicción dentro del colegio, a los cortes en los brazos de los
estudiantes y a las adolescentes que se embarazan.
“Hay muchas anormalidades que han venido pasando desde
hace mucho tiempo. Los padres hemos pedido que haya cambio también de
profesores. Hay algunos que no están cumpliendo su función como maestros.
Estamos trabajando en eso”, dijo Cabrera.
Rubén Cabrera, presidente de la junta escolar de la
unidad educativa Jorori, reveló que el año pasado hubo siete embarazo de
alumnas y que eso no se ha investigado, que lo que se sabe hasta ahora es que
esas estudiantes fueron perjudicadas por personas de afuera del
establecimiento.
El tema de los embarazos de las estudiantes también
preocupa a Justa Cabrera, que dice que esto ocurre desde hace años.
En las calles de la comunidad, hay padres de familia que
dicen estar preocupados por lo que viene ocurriendo, que están manteniendo
reuniones para buscar soluciones y pedir a las autoridades departamentales y
nacionales que apoyen para luchar contra todos los males de este centro
educativo.
El Deber / Roberto Navia
Castigan a las mujeres que denunciaron a un director acusado de acoso sexual
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